martes, 3 de abril de 2012

VIENE LA SERIE, y con ella un sinfín de insectos

     La crisis por  entonces ya sacudía la economía mundial, habían adquirido mucho más de lo debido y todos estábamos a punto de ser las víctimas. Pero en lo que a mí y a este corto relato atañe, no nombraré los verdugos del desolador panorama mundial. Empecemos.

     Corría el año 2010, y esta vez el destino era exótico y paradisiaco. Nos disponíamos a cruzar desde la capital de la isla de Bali a otra isla en gran parte despoblada y un tanto peligrosa. Para nuestra comodidad y la de cualquier forastero que quería colgar el sombrero al atardecer se podía gozar de un hospedaje cuanto menos muy similar al del primer mundo no sin antes desembolsar una cantidad de Rupias(moneda local). A partir del lugar del alojamiento, todo era pura aventura. Había dos taxis en toda la isla, siendo una isla de dimensiones parecida a alguna de las islas del Archipiélago Canario, y además por muy poco adquirías un motorista de pura confianza que te ayudaba en tus desplazamientos.

     Lo que dispongo a relatar es la cantidad de insectos que pudieron y consiguieron dejar mella en mi piel, podríamos hablar en los tres primeros días de cien picaduras fácilmente. Gracias a la sensatez de un buen amigo, tenía en mi poder en abundante cantidad medicina para la malaria, siendo esta un veneno que  "habita" en ciertas flores, que cogiendo el mosquito el veneno, se hace portador de este, siendo inmune a él y si en un plazo de dos horas alcanza al individuo, puede dejarle consecuencias irreversibles. Gracias a este medicamento, llegué a casa sano y salvo y con muchas historias que contar. Como aquellas cucarachas que corrían libres por el suelo del avión que conectaba las islas. Pero éste es un tema del que podré hablar mas adelante.

     Por lo demás, fue un viaje en gran parte enriquecedor en el que disfrutamos de olas magníficas todos y cada uno de los largos días que transcurrieron allí. Gran sitio al que espero volver dentro de unos cuantos viajes puesto que todavía me queda un par de continentes por visitar: África y Oceanía. "Iríamos a bogar. Controlábamos el cielo y cada noche y cada mañana el mar. (…) Nuestro deseo era cruzar sobre las olas haciendo volar al bote. (…) Le ganaríamos al tren. (…) Cada vez más rápido y el burbujeo de la estela como un hilván que se escurre sobre el paño verde. (…) Quedarían atrás la costanera y la casa de botes (…) Seguiríamos remando a pesar de los gritos y las miradas incrédulas. Seguiríamos remando hasta desaparecer en el horizonte para siempre". Ennio Moltedo, el concreto azul.




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